Categorías
Hoteles

El queso de Cabrales, el tesoro gastronómico de un pequeño pueblo asturiano

En el corazón de los Picos de Europa, entre verdes valles y montañas imponentes, se esconde un tesoro gastronómico que ha conquistado paladares en todo el mundo: el queso de Cabrales. Este producto, con Denominación de Origen Protegida (DOP), es el orgullo de un pequeño pueblo asturiano llamado Cabrales, donde la tradición y el arte de la elaboración del queso se transmiten de generación en generación.

El origen del queso de Cabrales

El queso de Cabrales tiene una historia que se remonta siglos atrás. Se cree que su elaboración comenzó en la Edad Media, cuando los pastores de la zona buscaban una forma de conservar la leche de sus rebaños. Con el tiempo, el proceso se perfeccionó, dando lugar a un queso único, de sabor intenso y aroma penetrante, que hoy es reconocido como uno de los mejores quesos azules del mundo.

Lo que hace especial al queso de Cabrales es su método de maduración. A diferencia de otros quesos azules, que se curan en cámaras controladas, el Cabrales se deja madurar en cuevas naturales de la región. Estas cuevas, con una humedad y temperatura constantes, favorecen el desarrollo del Penicillium, el moho responsable de sus características vetas azules y su potente sabor.

El proceso de elaboración: tradición y paciencia

La elaboración del queso de Cabrales sigue un proceso artesanal que requiere tiempo y dedicación. Se utiliza leche cruda de vaca, oveja o cabra, o una mezcla de ellas, procedente de los rebaños que pastan en los montes de la zona. La leche se coagula con cuajo natural y, una vez obtenida la cuajada, se introduce en moldes para darle forma.

Tras un primer periodo de secado, los quesos se llevan a las cuevas de Cabrales, donde permanecen entre dos y cinco meses. Durante este tiempo, se voltean y se limpian manualmente para garantizar una maduración homogénea. El resultado es un queso cremoso, con un equilibrio perfecto entre lo picante y lo lácteo, que deja un regusto persistente en el paladar.

Un producto con Denominación de Origen Protegida

Desde 1981, el queso de Cabrales cuenta con la Denominación de Origen Protegida (DOP), que garantiza su autenticidad y calidad. Solo los quesos elaborados en el concejo de Cabrales y en algunas localidades limítrofes, siguiendo el método tradicional, pueden llevar este distintivo. Esto asegura que cada pieza que llega al mercado cumple con los más altos estándares.

La DOP Cabrales también protege el entorno natural donde se produce este queso, promoviendo prácticas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Los pastos de montaña, libres de pesticidas y fertilizantes químicos, son clave para obtener una leche de excelente calidad, base del queso de Cabrales.

¿Cómo se disfruta el queso de Cabrales?

El queso de Cabrales es un producto versátil que puede degustarse de múltiples formas. La manera más tradicional es acompañado de un trozo de pan de escanda asturiano y un buen vino, preferiblemente un tinto con cuerpo o un sidra natural. Su intensidad también lo hace ideal para incorporarlo en salsas, como la famosa salsa de Cabrales, que realza platos de carne o pasta.

Para los amantes de los sabores fuertes, probarlo solo es toda una experiencia. Sin embargo, si es la primera vez que se degusta, puede combinarse con frutas como peras o higos, que suavizan su potencia. En Asturias, es común encontrarlo en tablas de quesos o como ingrediente estrella en restaurantes con Estrella Michelin.

El queso de Cabrales en la cultura asturiana

El queso de Cabrales no es solo un alimento; es un símbolo de identidad para los asturianos. Cada año, el último domingo de

Categorías
Hoteles

Bulnes (Asturias), el pueblo asturiano al que solo se puede llegar a pie o en funicular

En el corazón de los Picos de Europa, en Asturias, se encuentra uno de los pueblos más emblemáticos y pintorescos de España: Bulnes. Este pequeño núcleo rural, perteneciente al concejo de Cabrales, es conocido por su aislamiento y su espectacular entorno natural. Lo que hace único a Bulnes es que, hasta hace relativamente poco, solo se podía llegar a él a pie, tras una exigente caminata de varias horas. Hoy, aunque existe un funicular que facilita el acceso, el pueblo sigue conservando su esencia remota y su encanto tradicional.

Un pueblo escondido en las montañas

Bulnes está situado en un valle rodeado por imponentes cumbres, como el Naranjo de Bulnes (también conocido como Picu Urriellu), una de las montañas más icónicas de España y un desafío para los amantes del alpinismo. Su ubicación lo convierte en un destino ideal para quienes buscan desconectar de la civilización y sumergirse en la naturaleza más salvaje.

Durante siglos, los habitantes de Bulnes vivieron prácticamente aislados, dependiendo de la agricultura y la ganadería para subsistir. Las estrechas sendas de montaña eran su única conexión con el exterior, lo que contribuyó a preservar su cultura y tradiciones casi intactas. Hoy, aunque el turismo ha llegado al pueblo, su esencia sigue siendo auténtica.

El acceso: una aventura en sí misma

Hasta el año 2001, la única manera de llegar a Bulnes era caminando. La ruta más tradicional partía desde Poncebos, un pequeño pueblo situado en el desfiladero de los Beyos. El sendero, conocido como la Ruta del Cares o la Senda del Arcediano, es un camino empinado y zigzagueante que asciende más de 400 metros de desnivel en unos 4 kilómetros. Aunque exigente, la caminata ofrece vistas espectaculares de los Picos de Europa y del río Cares.

Para aquellos que prefieren evitar el esfuerzo físico, en 2001 se inauguró el funicular de Bulnes, un teleférico que conecta Poncebos con el pueblo en apenas 7 minutos. Aunque esta opción ha facilitado el acceso, muchos puristas siguen prefiriendo la caminata, ya que consideran que el viaje a pie es parte fundamental de la experiencia de visitar Bulnes.

Qué ver y hacer en Bulnes

Una vez en Bulnes, el visitante se encuentra con un pueblo dividido en dos barrios: Bulnes de Abajo (La Villa) y Bulnes de Arriba (El Pueblo). Ambos conservan la arquitectura típica asturiana, con casas de piedra, tejados de pizarra y estrechas callejuelas empedradas.

Uno de los principales atractivos es, sin duda, el entorno natural. Desde el pueblo parten varias rutas de senderismo, como la que lleva al Mirador del Naranjo de Bulnes, desde donde se obtienen vistas panorámicas de esta impresionante montaña. También es posible realizar excursiones al Refugio de Urriellu, punto de partida para los escaladores que se atreven con el Picu.

Además de la naturaleza, Bulnes ofrece una gastronomía excepcional. No hay que perderse el queso de Cabrales, uno de los más famosos de España, ni otros platos típicos como la fabada asturiana o el cachopo. Aunque el pueblo es pequeño, cuenta con algunos establecimientos donde degustar estas delicias.

La historia y la cultura de Bulnes

La historia de Bulnes está estrechamente ligada a la de los Picos de Europa. Durante siglos, sus habitantes vivieron en un equilibrio precario con la naturaleza, adaptándose a las duras condiciones de la montaña. La falta de acceso por carretera hizo que muchas costumbres se mantuvieran casi inalteradas hasta finales del siglo XX.

<

Categorías
Hoteles

Cangas de Onís (Asturias), el pueblo donde empezó la Reconquista y donde se disfruta la mejor fabada

Si hay un lugar en Asturias que respira historia, tradición y gastronomía, ese es Cangas de Onís. Este pintoresco pueblo, enclavado en el corazón de los Picos de Europa, no solo es conocido por su impresionante entorno natural, sino también por ser el lugar donde empezó la Reconquista en el año 722. Además, es famoso por albergar la que muchos consideran la mejor fabada del mundo. ¿Quieres descubrir por qué este rincón de España es tan especial? Sigue leyendo.

Un viaje al pasado: Cangas de Onís y la Reconquista

Para entender la importancia histórica de Cangas de Onís, hay que remontarse al siglo VIII. Fue aquí donde Don Pelayo, un noble visigodo, lideró a las tropas asturianas en la Batalla de Covadonga, marcando el inicio de la Reconquista contra los musulmanes. Según la leyenda, la Virgen de Covadonga intervino para asegurar la victoria cristiana, un hecho que aún hoy se celebra con devoción.

Uno de los símbolos más icónicos de esta época es el Puente Romano, aunque en realidad fue construido en la Edad Media. Con su arco peraltado y la Cruz de la Victoria colgando en el centro, este puente es una parada obligatoria para cualquier visitante. No te pierdas el Santuario de Covadonga, situado a pocos kilómetros, donde se encuentra la Santa Cueva y la Basílica, dos joyas del patrimonio asturiano.

Gastronomía que enamora: la fabada de Cangas de Onís

Pero Cangas de Onís no es solo historia. Su gastronomía es otro de sus grandes atractivos, y si hay un plato que destaca por encima de todos, es la fabada asturiana. Este contundente guiso, hecho con fabes (alubias blancas), compango (morcilla, chorizo y tocino) y azafrán, es un auténtico manjar que no puedes dejar de probar.

¿Por qué la fabada de aquí es tan especial? La respuesta está en la calidad de sus ingredientes. Las fabes de la Granja, cultivadas en la zona, tienen una textura y un sabor únicos. Además, muchos restaurantes locales siguen recetas centenarias, cocinando a fuego lento durante horas para lograr el punto perfecto. Algunos de los lugares más recomendados para degustarla son Casa Marcial y El Molín de la Pedrera.

Naturaleza en estado puro: los Picos de Europa

Si eres amante de la naturaleza, Cangas de Onís es tu destino ideal. El pueblo está rodeado por los imponentes Picos de Europa, el primer parque nacional declarado en España. Aquí podrás realizar rutas de senderismo como la Ruta del Cares, conocida como «la garganta divina», o visitar los Lagos de Covadonga, un escenario de ensueño con vistas panorámicas que quitan el aliento.

Para los más aventureros, el descenso del Sella en canoa es una actividad imperdible. Este río, que atraviesa la zona, ofrece aguas tranquilas ideales para disfrutar en familia o con amigos. Y si prefieres algo más relajado, un paseo por el mercado local te permitirá descubrir productos artesanales como el queso de Cabrales o la sidra asturiana.

Fiestas y tradiciones que no te puedes perder

El calendario de Cangas de Onís está lleno de festividades que reflejan su rica cultura. Una de las más importantes es el Día de Asturias, celebrado el 8 de septiembre, que incluye desfiles, música tradicional y, por supuesto, mucha comida. Otra fecha clave es la Fiesta del Pastor, donde los pastores suben al monte Orandi para honrar a la Virgen de Covadonga.

Pero si hay una tradición que define a esta tierra, es la sidra. En cualquier sidrería de Cangas de Onís podrás ver cómo se escancia «de lo alto» para oxigenarla, un ritual que forma parte de la identidad asturiana. No dejes de probarla acompañada de una buena tabla de embutidos.

Dónde alojarse: desde casas rurales a hoteles con encanto

Para completar tu experiencia, elige un alojamiento que refleje el espíritu de Asturias. Las casas rurales son una opción excelente, muchas de ellas con vistas a las montañas y decoradas con estilo tradicional. Si prefieres algo más urbano, el Hotel Aultre Naray ofrece comodidad y un trato exquisito.

Para los que buscan lujo, el Parador de Cangas de Onís, ubicado en un antiguo monasterio, es una elección inmejorable. Imagina desayunar con vistas al Puente Romano mientras planeas tu día de exploración.

Resumen rápido: por qué visitar Cangas de Onís

  • Historia viva: Cuna de la Reconquista con lugares como Covadonga y el Puente Romano.
  • Gastronomía excepcional: Prueba la mejor fabada asturiana y otros platos tradicionales.
  • Naturaleza espectacular: Picos de Europa, Lagos de Covadonga y rutas de senderismo.
  • Cultura y tradición: Fiestas populares, sidra y ambiente acogedor.

En definitiva, Cangas de Onís es un destino que lo tiene todo: historia, gastronomía, naturaleza y autenticidad. Ya sea para una escapada de fin de semana o unas vacaciones más largas, este pueblo asturiano te conquistará desde el primer momento. ¿A qué esperas para descubrirlo?

Y si ya lo conoces, ¡cuéntanos tu experiencia! ¿Dónde comiste la mejor fabada? ¿Cuál fue tu ruta favorita? Déjanos tus recomendaciones en los comentarios.